Con las Alas del Arte Y la Cultura hacia una nueva era, Pachacuti de los Pueblos, renacimiento espiritual, político social. NUEVO MANIFIESTO del Frente Cultural de Liberación ABYAYALA. Por una humanidad verdaderamente humana, solidaria, sensible, en armonía con la pacha, su entorno vital. Por una América y un mundo más igualitario, justo, libre y soberano. Por EL JUGLAR de las ARTES EMANCIPADORAS de la CONCIENCIA FRANCISCO ALVERO, JUGLAR DEL AMOR, LA PAZ Y LA LIBERTAD

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NUEVO MANIFIESTO
 del Frente Cultural de Liberación 
 ABYA YALA... 
(Tierra en Maduración)
POR LA PAZ, LA CULTURA Y LA EDUCACION.
 
  Con las Alas del Arte Y la Cultura hacia una nueva era, Pachacuti de los Pueblos, renacimiento espiritual, político social. 
 Por una humanidad verdaderamente humana, solidaria, sensible, en armonía con la pacha, su entorno vital. Por una América y un mundo más igualitario, justo, libre y soberano.   

Hacia una nueva era, Pachacuti, renacimiento cultural.  Por una América, libre, justa y soberana.
            
  EL JUGLAR de las ARTES EMANCIPADORAS de la CONCIENCIA FRANCISCO ALVERO, JUGLAR DEL AMOR, LA PAZ Y LA LIBERTAD

  

            
  •                        Dedicado a los hermanos y hermanas que lucharon y siguen luchando por otro mundo distinto y posible. 
  •              A la hermana y compañera Rigoberta Menchú Tum, Guatemalteca, Premio Nobel de la Paz, quien exigía al entonces Presidente de los Estados Unidos, el gonocida George W. Bush, el cese de su llamada "Lucha anti terrorista."  Más allá que el mandatario hiciera oídos sordos, como era de esperarse, más allá de todo y de todos, ella, desde su corazón augura un milenio de paz en su Código de Etica, escrito al comenzar el siglo XXI y hoy, más vigente que nunca.  
"No habrá Paz si no hay Justicia.
No habrá Justicia si no hay Equidad.
No habrá Equidad si no hay Desarrollo.
No habrá Desarrollo si no hay Democracia.
No habrá Democracia si no hay respeto por la Identidad 
Y la Dignidad de los Pueblos y las Culturas."
A fines del siglo XX, se consolidaba el Decenio de los pueblos originarios, donde constitucionalmente se logró el reconocimiento a la pre existencia de los pueblos naciones originarias, pese a este  y hasta el dia de hoy, poco o nada a cambiado en lo concreto, muy por el contrario la situación se ha agrabado.
Por eso, volvemos a nuestro MANIFIESTO FUNDACIONAL y agregamos nuevos párrafos de lucha y debate, que, como la vida fluye, y como el arte, son profundamente necesarios: 

        Compañeros, compañeras, amigos y amigas de los CAMINOS MUSICALES, como sabemos, el arte popular es revolucionario y emancipador, si cumple su función social y  no una figura comercial y descartable.      
 Consideramos, también, que la revolución nuestroamericana, aquella de Túpac Amaru, San Martin, Bolívar, el Che, Sandino, Farabundo Martí  y tantos más,  de igualdad, justicia y dignidad, está pendiente y sus ideas aun más vigentes que nunca, buscando una nueva etapa superadora, de verdadero “descubrimiento”, de verdadera democracia, y verdadera libertad. Corresponde entonces realizar este arte liberador de verdad.  Exaltando nuestras raíces más profundas, tradiciones populares e historias de luchas de nuestra región y el mundo.  

            Manifestamos que como artistas del pueblo y trabajadores de la cultura, deseamos, por derecho y deber, aportar a esa conciencia revolucionaria y movilizar esa voluntad popular conformando este Frente, que como tal, tira hacia adelante, mirando atras y a los costados con total amplitud pero un gran objetivo comun.  
Con las alas de las artes y en nuestras propias manos, dado que está en manos del pueblo, como siempre, lograr un cambio de era o paradigma, como le dicen los estudiosos. Ahora bien, quienes tenemos en las manifestaciones culturales y las artes, nuestro gran vehículo de expresión y potencializador de cambios, debemos aprobecharlo.  Utilizando las nuevas tecnologias, las nuevas posibilidades, los nuevos horizontes, sabiendo que quien conduce es la sensibilidad.

El arte popular, en el arte de reinventarse, revolucionarse, liberarse, caminando junto a la revolución social, integral, que no será calco ni copia, parafraseando al gran Amauta Mariátegui, sino creación heroica, retoño legitimo de nuestra revolución humana y cultural, todavía pendiente.  

        Como todos sabemos, hemos vivido largos y oscuros períodos en Argentina y Latinoamérica, como en el mundo, en los que, como siempre, el arte popular tuvo un papel determinante, aunque perseguido o acallado sistemáticamente por causa de su lucidez y compromiso, por parte de dictaduras y democracias débiles y rengas, quienes, ayer y hoy,  a través de la desinformación masiva, terrorismo mediático,  fomento de la anti-cultura del exitismo, el  individualismo, entretenimiento vacío y feroz bloqueo a la creatividad colectiva y solidaria quisieron y lograron, en parte,  imponer su estética o anti estética decadente capitalista y neoliberal. 

          Batalla cultural que aún estamos librando, disputando aun dentro de cada uno y de las organizaciones del campo popular, donde a veces, la colonización pedagógica también está tristemente presente, como en la mayoría de los ámbitos de nuestra sociedad, especialmente en la comunicación, la política, la cultura y educación actual. Aunque existen, por fortuna, pequeños espacios de resistencia cultural.     

              En el mismo plano pedagógico y en particular artístico musical, dividiéndola en culta y popular,  artes y artesanías, persiste en el sentido común, dirigido desde los medios  una noción elitista de cultura alejada de la realidad concreta y de sus necesidades de combatir la exclusión, la discriminación y opresión que viene desde el  remoto pasado, llamada: “Civilización o barbarie” para justificar el holocausto y la inquisición en Nuestra América.  Cuando los conquistadores “Huincas” imponían su visión del mundo a sangre y fuego. Hoy, cambiaron sólo los métodos, los perfeccionaron, para lograr su  “Neo colonialismo” Capitalismo salvaje, inhumano y voraz, Neoliberalismo "imperialista y burgués, sionista, terrorista, excluyente, racista, globalista, siempre patriarcal". Aquel del pensamiento unico y el darwinismo social. En otros términos: “Entreguista, vende patria”, cipaya”, “Pro- yanqui”, “Oligarca” en lenguaje nacional y popular.

              Ahora bien, como también sabemos, EL MAPA NO ES EL TERRITORIO, (si lo sabrán las mujeres, donde su cuerpo es su primer territorio)
Todavia es necesario pensar y repensar algunas cosas, algunas definiciones, conceptos y  diccionarios euro-centristas con su significante peyorativo como  el vetusto termino “Indio", "Indígena", "Aborigen”  enhorabuena reemplazado por el de Pueblos Naciones originarias  y aun pendiente el de "Rock nacional", “Folklore”, que deja afuera a tanto, pero que esta tan arraigado, de raíz anglosajona, en lugar de encontrar nuestras propias definiciones, como sabiduria popular, saber del pueblo, artes, música, danzas y tradiciones nativas, criollas, mestizas, de nuestra América. Y en el primer caso, sin dejar de reconocer que la musica es el idioma universal, pero cada pueblo tiene su musica autoctona, nacional y por lo tanto, podriamos hablar de expresiones nacionales de tal o cual genero.

                La labor del arte, entonces, para nosotros debiera ser entendida en todas sus facetas. Desde transmitir los más puros sentimientos, hasta hacer un eco de nuestros sueños y convicciones más profundas. Todas las expresiones artísticas que a lo largo de los siglos han existido en nuestra América, son una muestra de que la labor social del arte en indiscutible. 

      Por eso, nos sentimos convocados, auto convocados y convocamos a unirnos en esa ardua tarea de des-colonización a través de nuestra militancia cultural, que va a transformar, de a poco, aquellas miradas peyorativas, arcaicas y nefastas en cuanto a la cultura, sexualidad, etnia y demás. Por  fortuna paulatinamente nuestra realidad está cambiando es pos de la integración y la pluralidad, el respeto a la madre tierra y sus habitantes milenarios, nuestros pueblos originarios.

    
           Nuestro principal Manifiesto, postulado o posicionamiento cultural, geo-político - estratégico, sigue siendo, como afirmara el artista plástico uruguayo Joaquín Torres García es "Nuestro Norte es el Sur."   Con el ideal bolivariano de Nuestra Patria es América,  o "Nuestra América", como dijera el poeta cubano José Martí. 

             Estamos convencidos que el eje de todo cambio, empieza en cada uno, y se extiende a lo social, que es antes que nada cultural, propugnamos por destacar y recuperar los valores silenciados y olvidados durante décadas y diría siglos en nuestra América.  Esta es, para nosotros la tarea principal de nuestra era, resignificar y repensar conceptos y experiencias, desde y para el pueblo, el barrio y por extensión el país, y la Patria Grande, nuestra América Abyayala y el mundo.

               Desde el Frente llamamos a la unidad en la acción y en la diversidad, a todos, todas y todes les artistas, hijos del pueblo y nuestra pacha, aceptando las creencias, posturas y matices ideológicos, sin dogmatismo ninguno, y aun sus contradicciones, apostando al debate abierto y fraterno, hacia un gran consenso con un mismo objetivo en común la felicidad absoluta de todos, por el camino de la liberación nacional, social y cultural de la Argentina y la Patria Grande. Por eso, desde nuestra trinchera cultural, contra la aculturación devastadora, estaremos  siempre acrecentándole las alas a la esperanza, como seres sentí pensantes, como diría Galeano, pensando y repensando, creando y recreando, combatiendo al capital del monopolio intelectual, del pensamiento único y excluyente, contra la globalización homogeneizadora, el genocidio estructural,  ecocidio, etnocidio, neo-colonialismo e imperialismo en todas sus formas. 

           Con las armas de la idea y las herramientas del arte y la cultura popular, nos abocamos en la construcción de una nueva sociedad diversa, multiétnica, pluricultural, del buen vivir, humanista, basada en la educación liberadora y creadora de valor. Por una cultura de diálogo y paz con justicia social, en contra del pensamiento único, la aculturación, transculturación, la anti cultura del tener y a favor del ser.  La esperanza en acción, transformadora hoy, está más necesaria que nunca y la misma, como siempre está en manos del pueblo, quien tiene en sus artes su gran vehículo de expresión y potenciador de la misma.

        Por último, cabe destacar, por ende, que buscamos un equilibrio entre lo político social y lo cultural, entre lo personal y lo colectivo. Como parte vital del pueblo y por el profundo amor y respeto que tenemos por dicha causa, nunca fuimos, somos ni seremos jamás testigos pasivos del tiempo que vivimos, gozamos y sufrimos, y, como en el presente, sobrevivimos, sino y sobre todo ser  Protagonistas Absolutos, Artistas, hijos e hijas del pueblo, actores fundamentales, protagonistas absolutos de los nuevos tiempos que deseamos vivir y construir de la creación heroica de nuestro futuro, poniendo sentimiento, pensamiento y acción contra la cultura hegemónica aplastante, saqueadora y dominante, para abrir las conciencias y los caminos musicales, en pos de Americanizarte, Revelarte, Sublevarte, manos a la opera,  hacia un mañana armonioso y liberador para nuestros pueblos. Como en los tiempos de San Martín con respeto a nuestros paisanos y la madre tierra, con la cultura, la musica y el arte unificando los pueblos.


   
 “Por la Unidad de todas las Artes al servicio de los Pueblos.  

Y Por la Unidad de todos los Pueblos al servicio de las Artes, emancipadoras de la conciencia.”

Resistir es crear unión en la diversidad.
Desde Nuestra América, criolla, mestiza y originaria hasta la victoria final.



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¿Pueden liberarnos la cultura y el arte?

 
«El caminante en el mar de nubes» de Friedrich, expresión pictórica de las «esencias» románticas alemanas.

El concepto de cultura comenzó como una metáfora ilustrada: la persona se «cultivaba» mediante el estudio y el acceso al conocimiento y como cualquier campo cuanto más trabajo y fertilizantes incorporara tal cultivo («cultura»), más frutos ofrecería. Es en nacimiento del romanticismo alemán cuando la cultura toma por primera vez adjetivo y comienza a ser «nacional». Ya no es el reflejo de la exposición individual al conocimiento, sino un fenómeno colectivo: el reflejo, común a todos los miembros de la colectividad nacional, de un «espíritu popular» que transitaría la historia materializando la esencia nacional a lo largo del tiempo. La definición y exaltación de la «cultura nacional» fue el «descubrimiento» del «ADN» de un sujeto político nuevo capaz de envolver e involucrar a todas las clases sociales: la nación. La cultura nacional fue el elemento definitorio de la nación, la madre de las esencias del nacionalismo, la ideología del ascenso de la burguesía como clase política en Alemania, el invernadero ideal en el que germinó su liderazgo social.
La cultura fue fundamental en la nacionalización de una pequeña burguesía y un campesinado cuyos intereses económicos inmediatos seguían siendo, como se vio en la revolución cantonal española, fundamentalmente locales. Así desde sus comienzos, la «cultura nacional» ofreció un protagonismo y financiación a la pequeña burguesía a través de las artes, convirtiéndola en intérprete plástico, arquitectónico y literario del espíritu nacional, diseñadora por tanto de las formas «populares» de la ideología nacional y, hasta cierto punto, en guardián de sus esencias.
La expansión totalitaria del estado con el desarrollo del capitalismo de estado trajo la conversión de categorías sociológicas como la juventud en pretendidos sujetos políticos.

Con el desarrollo del capitalismo de estado durante el siglo XX, el estado extendió sus políticas de control social. Y para eso aprendió a pensar como «sujetos políticos» a aquellas categorías sociológicas que le eran útiles. Por ejemplo, en los años veinte «la juventud» se convierte en concepto político y con ella nacen las primeras «culturas juveniles». En la posguerra, el desarrollo de la industria cultural y la publicidad se unirá al desarrollo de las políticas sociales, fractalizando esas identidades. Como consecuencia, a finales de los años cincuenta en EEUU y en los sesenta en Europa, se «descubren» las «subculturas» juveniles, estudiantiles, urbanas, barriales, migratorias, femeninas… Las «identidades culturales» se multiplican dentro del molde nacional conforme el estado hace más fino el grano de las imágenes a partir del cual diseña sus políticas.
En la lógica monopolística del capitalismo de estado todas esas categorías suponen además una oportunidad de encuadramiento organizativo y todo encuadramiento ofrece una oportunidad de «representación» colectiva: subvenciones al «tejido social», técnicos especializados, procesos participativos de diseño de «políticas públicas»… No faltan incentivos para organizar el descontento en mil identidades que reclamen «reconocimiento» y un espacio para nuevas élites «representativas». No es casualidad si los estudios de Sociología y los de «Ciencias Políticas» se conciben en las universidades estatales como derivaciones de un tronco común.

Festival de Woodstock, 1969. La llamada «contracultura» fue una mina tanto para la industria cultura de gran consumo como para la fabricación de ideologías de gobierno.

«La cultura» es un terreno minado desde su origen, matriz común de las ideologías nacionales e identitarias que la burguesía ha usado para establecer y mantener su dominio. En el infinito retrueque de su juego de espejos, cultura y «contracultura», oficialidad y «resistencia cultural», han funcionado y servido para expresar tendencias, disidencias y falsas alternativas que recaían una y otra vez en los fundamentos que habían sido su origen. La «cultura» es la forma esencial de la ideología.
 
«La cultura» es un terreno minado desde su origen, matriz común de las ideologías nacionales e identitarias que la burguesía ha usado para establecer y mantener su dominio. Es ideología en forma esencial
 Y al mismo tiempo, solapándose con la cultura, están las artes. Sería demasiado ingenuo pensar que estas tienen una autonomía suficiente dentro de la cultura nacional para permitir a los artistas una «mirada al margen» o «por encima» de los permanentes rifirafes, cuando no batallas, de la lucha de clases. No es casualidad que los grandes edificios del capitalismo se construyan en altura, que el cine relate una y otra vez desde la mirada de un individuo atónito/ excepcional/ aislado enfrentado a un mundo que lo desborda o que la pintura y la escultura se hayan convertido en mercados especulativos. Lo que se llama arte no es más que la producción social de representaciones y, como en cualquier otra producción social, las representaciones de la dominación de la burguesía reflejan la forma en que la burguesía representa su propia dominación. El arte no deja de ser otra construcción ideológica.

El Cigala en el festival del cante de las minas de la Unión, Murcia. Si los mineros que hicieron famoso el cante murciano, levantaran la cabeza…

Esto es absolutamente claro en las artes industriales: desde el diseño industrial al cine, pasando por la arquitectura y los «best sellers» o la industria musical. Aunque siempre existe la posibilidad de expresiones individuales de creadores unidos al programa de clase y sobre todo, a toda una gama de expresiones artísticas no profesionales que, en determinados momentos y contextos, expresarán «resistencias» y luchas sobre lenguajes musicales tan diversos como el flamenco, el blues, el hiphop o el rock; no dejan de ser «artesanías», las últimas reciclables como «folklore» social o histórico, las primeras simplemente orilladas cuando no borradas de los circuitos a través de los cuales las artes se fijan en la memoria social. Circuitos que a fin de cuenta son los de la reproducción ideológica del sistema: sistema de enseñanza, referencias mediáticas, etc.

Las representaciones de la dominación de la burguesía, reflejan cómo la burguesía representa su propia dominación. El arte no deja de ser otra construcción ideológica y poca autonomía podemos esperar de él.
 
Victor Serge, Benjamin Peret, Remedios Varo y André Breton a su llegada a México.

Que el arte representativo de cada época sea una expresión de la ideología y por tanto de las necesidades y juegos de poder de las clases dominantes en ese momento histórico, no resta en absoluto a su valor. Al contrario. No nos maravillaremos menos ante una iglesia pre-románica o el Empire State, no nos conmoverán menos las piezas de Purcell, Bach o Mozart, las obras de Delacroix o Sorolla, las canciones de Los Ramones o las películas de Hitchcock por colocarlos en su contexto y entender qué les permitió ser reconocidos en su momento como expresión de un «sentimiento de época», de una determinada «sensibilidad». Que fuera útil a las estrategias del poder de cada época y lugar, que ayudara incluso a diseñarlas, no les resta autenticidad ni riqueza simbólica o lingüística. Simplemente se trata de no hacer más ideología de lo que ya es ideología.


Entonces, ¿hemos de renunciar a vernos representados en símbolos e imágenes, en sonidos y espacios? Aunque quisiéramos evitarlo no podríamos. Toda expresión de un movimiento social, también el movimiento de la clase explotada, precisa de «formas artísticas»: desde el logo hasta las formas de redacción, desde los vídeos a lo que se cocina en los encuentros. Pero todas ellas expresan las expectativas no tanto del movimiento histórico como de los grupos contingentes de personas que se agrupan en torno a él. Su función es afirmar la posibilidad del cambio, normalizar la visión de un futuro negado permanentemente bajo el capitalismo. El arte, incluso el arte instrumental en la lucha de clases, expresa más el presente que el futuro del movimiento, tiene el alcance de lo heredado aunque tenga ya el ánimo y la conciencia de lo porvenir. Un movimiento puede ser liberador pero nunca lo será su arte. Siendo el arte un producto social solo una sociedad liberada podrá hacer arte libre. Y como de esa sociedad liberada solo podemos decir con seguridad lo que no será, sus representaciones, los lenguajes y sentimientos de una Humanidad reconciliada, nos han de seguir siendo arcanos mientras no se hagan materiales mundialmente.
El arte militante expresa más el presente que el futuro del movimiento, tiene el alcance de lo heredado aunque tenga ya el ánimo y la conciencia de lo porvenir. Un movimiento puede ser liberador pero lo será su arte.????????????
 

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